jueves, 3 de diciembre de 2009

( BARRIO ) DIARIO DE UN IMPRESENTABLE (II)


SALIR AL “EXTRANJERO”

( Capítulo dos )




María telefonea temprano para invitarnos a comer. Quizás le pase algo en el trabajo, porque hoy es jueves y, aunque comience la semana santa, aquí se trabaja, por lo menos, hasta medio día. Marga dice que sí, que vale, que bueno y que vamos; no hay problema. Ella se irá desde el trabajo cuando acabe y yo desde casa. Nos vemos allí. El crío no va, dice, porque tiene deberes. Vale; le dejo preparados unos macarrones, que es lo mismo que comió ayer en casa de su abuela; le encantan los macarrones.
Cojo un par de diskettes por si puedo hacer algo en la oficina, ya que cuatro años trabajando allí me otorga algún derecho, me tomo un nolotil para prevenir posibles dolores de cabeza y andar tranquilo, pillo la puerta y me largo.
Todo está controlado: el pan en el congelador, los platos fregados y el polvo, en el mismo sitio que ha estado siempre; sobre los muebles.
Voy pensando en lo mío mientras bajo la cuesta hasta que reparo en un chaval que anda delante de mí. Tiene perilla de mosquetero y viste un tejano lila y una camiseta gruesa sin mangas y con capucha; me da la impresión de que está levantando unas pesas invisibles, hasta que caigo.
Mano a la capucha, saca de ella un cigarro, lo rompe, se lo desparrama por la mano, mano a la oreja para colocar en ella el filtro del cigarro, de nuevo a la capucha, saca el chocolate, corta un trozo con la uña, lo junta con el tabaco, mechero de la improvisada capucha-mochila, calienta el chocolate, lo mezcla, de donde siempre saca una biblia, coge una hoja y se lía, tan feliz, un canuto. Deja todo lo que le sobra en la capucha, enciende y a fumar. Yo semialucino por la maestría; todo sobre la marcha y con un dominio del copón.
Vale. El chaval a lo suyo. Quizás también va a casa de María a comer; nunca se sabe. La verdad es que no tendría que haber dicho nada porque ahora, la poli se dedicará a la investigación concienzuda de capuchas sospechosas.
Al crío la han quedado siete de esta evaluación.
Pero que tranquilos, que lo controla, dice; que las recupera todas y aprueba el curso, dice. Y un manojo de ajos tiernos, pienso yo. Tiene siete de esta… y cuatro de la anterior; total: once asignaturas por recuperar y a sumar lo que le quede de la tercera evaluación. Me tiene frito.
Espero que algún día se me quite la costumbre de referirme a él diciendo “el crío”. Mide casi 1,80 y calza un 47.
La gente se extraña y me pregunta ¿es que tienes un hijo?, y les contesto que sí, pero que me sobra metro y medio. No se me ocurre otra respuesta más falta de originalidad.
Cuando me doy cuenta, pensando en lo mío y siempre tras los pasos del de la perilla, ya he llegado a la parada del bus. El chaval también. Pasada una media hora, yo esperando y el otro fumando porros, llega un Parets; el chaval se acerca a la puerta, pregunta al chofer si para no se donde, apaga el canuto en el escalón y sube. Desde la ventanilla me lanza un par de besos y se despide diciendo adiós con la mano; como si de toda la vida.
Después de casi hora y media de espera y habiendo dejado pasar dos Mollet y un Sentmenat por autopista, aparece el de Caldas que es el mío. Subo y caminito. No para hasta la Llagosta y allí comienza la verdadera carga de personal; solo mujeres de mediana edad y que la que menos, carga con tres bolsas. Los jueves hay mercadillo en la Lagosta y viene gente de todas las poblaciones cercanas. No paramos en la Florida y entre la calefacción y la chaqueta tejana forrada de pelo, me estoy deshidratando; hace un sol que alguien diría que es de justicia, pero que en realidad es de la hostia.
En Santa Perpetua la descarga deja sitio para poder respirar con normalidad; después la carretera es recta y bordeada de polígonos industriales. Más carretera hasta el cruce de Sabadell-Granollers en el que, por lo visto, el semáforo lo instalaron ya estropeado a propósito. Es la entrada de Palau y yo me bajo en la próxima. Un matrimonio mayor, ciego él y con bastón, se las ven y se las desean para poder bajar porque los escalones quedan demasiado separados de la carretera y la altura, sobre todo cuando no se ve, es una aventura peligrosa; les echo una mano, sobre todo a él, y después de un cuarto de hora de maniobras ya estamos todos abajo presentándonos y despidiéndonos, arropados por los vítores de los demás pasajeros; …gracias, gracias y más gracias… y así hasta que me dan un millón de gracias llenas de sinceridad. Seguramente no les cuadra que alguien con pelo largo y barba, y con los tejanos rotos por veintitrés partes, se preste para ayudar sin pensar en robarles el bolso. “Pues de nada, señora”. Qué voy a decir ?.
Enciendo un cigarro y veo que esto no ha cambiado. Es un polígono industrial en el que han empotrado un montón de casa adosadas que parecen una sucursal de la nave de Gurb; el de Mendoza. Las grietas salieron después. Sigue el mal olor que despiden las industrias y el ruido que producen los camiones, o sea, tal y como lo dejé hace cuatro años, cuando decidí plegar del trabajo en la oficina. Aquí sí que la vida sigue igual… como en todas partes. Hace tres horas que salí de casa para hacer un recorrido de veinte minutos en bicicleta homologada.
Sudando pero tranquilo, me paro en el bar en el que comía cuando trabajaba en la zona, saludo a los dueños, pido un cortado, comentamos como nos va a cada uno, miro para atrás y… veo al Morgan sentado en una mesa leyendo el periódico. Me mira y nos saludamos desde el más profundo de los silencios con un inexpresivo movimiento de cabeza. Increíble. El Morgan es un semi abuelo intelectualmente camaleónico, que vive en el mismo barrio que yo y que se dedica a nada en particular, Pero “a nada en particular” como oficio; en serio. Si le preguntas, te contesta que trabaja “de nada en particular”.
De vez en cuando manda una carta a la sección de “cartas a la directora” de L’informatiu con el que colaboro. Por lo general son temas relacionados con el barrio y sin pies ni cabeza, que en su mayoría se inventa. Con tono irónico, cínico a veces, dice cosas como que está hasta las pelotas de las obras, que dónde está el alcalde, que si patatín que si patatán… firma como “el jubilado amateur” y cree que nadie sabe que es él quien escribe. Es un secreto a voces porque a todo el mundo le dice lo mismo -este soy yo. El jubilado amateur. Pero no lo digas que es un secreto- ; así que nadie le dice a nadie algo que se supone que nadie sabe, pero que no hay quien no sepa. Él cree que es escritor porque hará ocho años, su nieta le regaló una estilográfica recargable que encontró en un todo a cien.
El caso es que allí estaba el Morgan, la última persona que pensaría en encontrarme tan lejos del barrio.
Me despido de los dueños del bar después de tomarme el cortado y pagar, y me voy a la oficina.
Saludo a todo el mundo, besos, besos, y más besos, y me lío con el ordenador sin pedir permiso; no hace falta. Quien no sabe de qué va, ser lo imagina.
El ordenador es nuevo y mucho mejor que el mío, porque el mío es de los que funcionan con carburo y manivela, pero no puedo imprimir porque la impresora no reconoce la “ñ”.
Pillo caminito y me voy con un adiós desde la puerta.
Llego al 18 y después de tocar el timbre, que no suena, diez o doce veces, me doy cuenta de que la puerta está tapiada; estupendo.
Aguanto que el perillas me lance besos, me paso tres horas de viaje, soporto el ruido y el mal olor, no puedo imprimir y, encima, me voy a quedar sin comer.
La puerta debe estar recién tapiada porque paso un dedo y me llevo un pegote de cemento fresco.
Le pregunto a la vecina de la derecha si sabe algo, pero la vecina de la derecha no está como para saber. Riega las macetas con los ojos casi cerrados y apesta a oftalidón desde dos vidas más allá.
La vecina de la izquierda, jovencísima, parece que sí que sabe; y lo que sabe es que no pagan; tiene ganas de hablar. Le digo que me habían invitado a comer; como si a ella le importara, y me aconseja que, si no he traído la comida, empiece comiéndome la tapia y después, un par de macetas. Y yo, que solo las macetas, que soy vegetariano; se ríe (¿cómo se lo montará la gente que no sale por la tele para tener una dentadura tan perfecta?); me invita a comer con ella. Acepto y cuando estamos por el café, recuerdo que Marga también tenía que venir. La jovencísima me comenta que la Lola le debe dinero a todo el mundo; ¿qué Lola? -la de aquí al lado- ¿la de aquí al lado no se llama María? -María vive en el 28-.
Doy unas exageradísimas gracias por la comida a mi anfitriona, digo adiós y salgo zumbando. Hay cosas que solo me pasan a mí.
Golpeo con la mano la puerta del 28, abre una de las crías, saludo a todo el mundo echándole las culpas al del autobús, tomo asiento y a comer. Otra vez.
Con las natillas del postre, ya me sale la comida hasta de entre las uñas y comenzamos a ponernos las chaquetas para volver antes de que empiece la caravana. Salimos con los vasos de plástico del café y el la reja de hierro me tropiezo con el Morgan. Si no fuese porque esto no va de espías, diría que este tío me está siguiendo. -¿Vais para el barrio?- pregunta sin mirar, como quien se saca algo de entre los dientes; que sí, que vamos para el barrio -pues me lleváis-
Pues te llevamos, no se hable más. Lo que tú mandes.
A María no le entusiasma la idea, porque es ella quien nos lleva a casa.
Durante el viaje, el Morgan no abre la boca, por temor a que María se la cierre de una mirada. Lo dejamos casi tirado bajo el puente de entrada al barrio y nosotros seguimos hasta el bloque.
-Adiós, María. Y muchas gracias. Adiós, Adeu.
Y María gira y empieza el camino de regreso.
Como siempre, antes de entrar en caso miro el buzón; y como siempre, me arrepiento de haberlo hecho. Solo hay malas noticias.
Teléfono, no se cuantos mil; gas, cuarto y mitad; luz, más de lo mismo; el agua, ni te cuento. Y, encima, la contribución, las basuras y la escalera.
Menos mal que a final de mes, cobraré algo por las clases de tapíz.
Este barrio rozaría la perfección si alguien diese con la forma de eliminar los recibos.
O por lo menos, con la forma de que dejen de enviarme a mí los recibos de todo el mundo.
¡¡¡ Ni que yo fuese el hijo del jefe !!!...

1 comentario: