jueves, 24 de diciembre de 2009

( BARRIO ) DIARIO DE UN IMPRESENTABLE (V)


MEDICINA GENERAL (uno)



(Capítulo cinco)



Hoy madrugo porque ayer bajé al médico y ya tengo el día organizado; pero empiezo con lo que fue y después sigo con lo que es.
Salí, como siempre salgo, a comprar el pan, solo que decidí comprarlo en el súper y así tengo excusa para tomarme un cortado en el centro cívico; llego y María, la inminente suegra de Miguel, me recuerda que he quedado con él y a mí se me cae el alma al suelo porque cada vez que quedo con Miguel me cuesta un cansancio infinito. Me tomo el cortado, le pago a María, y encarrilo camino del cansancio.
Cuando entro en el piso, con el pan y cuatro cortados encima, el número de bares que encuentro en el recorrido, me entero de que el camión aún no ha llegado y Miguel y yo nos pasamos cerca de dos horas hablando del tiempo, de hacienda, de dimisiones y de corrupciones y, cuando ya tengo la chaqueta puesta y me estoy despidiendo en la calle, aparece por la esquina un tío con cara de mala leche. El chofer del camión. Se nos acerca mucho y pregunta con la voz desde la tráquea, recién operado -¿aquí?- -aquí- le contestamos los dos a la vez; -¡joder! Vaya pasaje, por aquí no entra el camión!!!- y es que Miguel se ha comprado un piso metido entre bloques y para dar con él hay que hacer un máster en laberintos. A los diez minutos aparece el camión y parece uno de esos que salen en los huevos de chocolate; deduzco que el chofer se queja de vicio.
Miguel, muy amable, me ayuda a quitarme la chaqueta y sin perder su eterna sonrisa, me ofrece unos guantes justo de mi talla.
Total, no menos de treinta sacos de arena, diez o doce de cemento-cola, racholas por un tubo, suelo de gres gris como veinte cajas, flexos, tuberías de cobre, más racholas, más sacos, más de todo…( la verdad es que en lugar de reformar el lavabo, lo que quiere es construir un bloque nuevo. Este camión, más el de la semana pasa, ya suman…cinco).
Cuando acabamos de descargar y subir el material al piso, chorreamos sudor como para fabricar dos o tres océanos. El chofer de la voz traqueosa, desapareció en cuanto la última rachola salió del camión y cobró la factura, iva y propina incluidas.
Nos tomamos un kas, Miguel de naranja y yo de limón, con unas patatas fritas de bolsa (calidad suprema, precio recomendado), y salgo corriendo porque me pilla el toro para preparar la comida.
Hoy, macarrones; son una solución rápida. El crío se los come sin mirar, pero yo no puedo con ellos. En realidad, con lo que no puedo es con los macarrones que preparo yo; cuando como en un bar o en casa de alguien, si hay macarrones, encantado. Pero si se trata de los que cocino yo, ni los miro. Así que el crío macarrones y yo un par de huevos fritos.
Llego a casa, me ducho, preparo la comida preconcebida, aparece el crío cantando que ha recuperado natu y mates y olé (creo que se refiere a naturales y matemáticas, pero no entiendo lo de olé), comemos cada uno lo suyo y salgo corriendo para el médico porque tengo concertada la hora de visita: YA.
Entro en el ambulatorio organizando mentalmente los saludos…y no saludo. El celador está en la duermevela y no se entera, Lourdes, la dire de L’informatiu, no se deja ver, Miguel está picando paredes en el piso y no reconozco a nadie más. En la pared hay un cartel gigante que ruega silencio de forma contundente: un loro verde y debajo, un letrero que reza: “¡NO SEAS LORO, COÑO!”.
Saludo al loro sin mirarlo -hola, loro- -hola, hola, hola..-, además de verde es borde.
Me siento frente a la puerta doce del segundo piso y, como siempre, espero. Y espero. Y espero…
Sale la enfermera con la lista de visitas y lee -Marga tal y tal-, me levanto con la barba puesta, entro en la consulta y la doctora me dice, sin mirarme, -siéntate, Marga- me mira, me ve y..-¿Margarito?- -ni una ni otro- digo yo y le explico que Marga se rompió un pie hace una semana, (de verdad, se rompió un pie, uno solo, porque pisó mal en el único escalón que había; de haber dos escalones, seguro que se rompe los dos pies)…-y yo te traigo (le digo a la doctora) el informe del traumatólogo para que me digas cuando y donde le quitamos la escayola-.
No hay problema.
Lo arregla todo, sella un par de hojas amarillas y fin.
Como ya estoy allí, ataco con lo mío y así aprovecho la visita. -que me mareo-, le digo; -vale, algo más?- -algo más, pero ya voy servido con los mareos- -cuenta, cuenta-; la doctora es más joven que yo, está de buen humor y le cuento que, por ejemplo, voy andando y de buenas a primeras se me van la vista y la cabeza. Dos o tres segundos. Después todo vuelve a su sitio y yo no he perdido ni el paso, o sea, que no es por agacharme o levantarme con brusquedad, porque me pasa cuando estoy de pie. Le digo lo de los dolores de cabeza y ella le pide a la enfermera que me tome la tensión. Aprovecho el lapsus para enterarme de qué se ha roto Marga -no hay rotura, hay fractura- -¿de qué?- -de la base del quinto metatarso- -claro- …pero estoy pensando que como si me la pica un pollo. No sabía que Marga tenía un metatarso, ¡¡¡ iba a saber que no, que tiene cinco !!!, o más. Mejor paro de preguntar.
Y la enfermera, que se queda con mi cara, se quita el zueco blanco y el calcetín negro, y me da una clase magistral en torno a la situación de la fractura. Queda medio claro que la cosa está en la parte externa del empeine, pero por abajo. Como si se hubiese roto un trozo de la planta del pie.
Después de la demostración me lía el brazo derecho con lo de la tensión, mete el endoscopio (¿endoscopio?) entre el brazo y la tela impermeable y empieza a dar aire con una pera de goma.; cuando la aguja se para, la enfermera alucina.
Lo saca todo y me monta la misma tómbola en el brazo izquierdo. Vuelta a empezar y cuando acaba, sigue alucinando -doctora, este hombre tendría que estar muerto- y a mí me dice que estoy a no sé cuantos y no sé cuantos y que tengo pinta de sumarme a los súper-hipertensos; yo le digo que todo eso ya me lo dijeron en la mili, pero que de lo que te decían en la mili, la mitad menos tres. O cuatro. -pues te vamos a controlar durante unas cuantas semanas y, de entrada, menos café. O ninguno. Y del tabaco hablamos el próximo día-. Yo respiro fuerte, cojo aire, y no le doy las gracias. Sólo faltaba.
La doctora, que sigue con buen humor, acaba de rellenar papeles, sella, sonríe y recita. Pero abrevio: un análisis de sangre completito, diabetes incluida, y un par de radiografías de las cervicales.
Me explican entre las dos el sistema de pedir hora por teléfono (por teléfono, como si fuera tan fácil desde casa), porque no me entero, y sintiéndolo mucho no tengo más remedio que pedirles, por favor, que me lo den por escrito. Dos veces. Pero se niegan.
Y ni por esas. Salgo sin haberme enterado de nada, más por culpa mía que de ellas, y para consolarme me invito a un cortado en el centro cívico, dónde si no?. Ya empezaré mañana a rebajar la dosis de café.
Cuando llego a casa empiezo los intentos telefónicos para concertar hora en el ambulatorio de San Andrés y ¡¡¡lo consigo a la primera!!!; pero no solo eso, además me lo monto para poder hacerlo todo hoy, que es el día después…(continuará)

jueves, 17 de diciembre de 2009

( BARRIO ) DIARIO DE UN IMPRESENTABLE (IV)


LECTURAS, TELEFONOS Y TELEVISORES

(Capítulo cuatro)



La media tarde, a poder ser de un día festivo y mejor aun si llueve, es uno de los mejores momentos para practicar el sano deporte de riesgo de la lectura; aunque los deportes, salvando de la crema a dos o tres, como el ajedrez (no por su lado bélico, sino por lo que tiene de esfuerzo mental para el desarrollo de la lógica de previsión), las canicas, el tejo, el lanzamiento olímpico de chirimoyas peladas (fruto del chirimoyo) y la lectura como tal, los deportes, digo, poco tienen de culturales.
Dicho y hecho. Hoy es fiesta, media tarde, creo que en la tele caballos que corren como locos preguntándose porqué corren como locos, un café…perfecto.
Empiezo, cómo no, con la mejor novela de aventuras jamás escrita. Tiene intriga, pasión, incesto, masacres, incendios, fantasía, buenos, menos buenos, malos, malos malísimos, más buenos, más malos, sacrificios, sexo gratuito e incluso subliminal… menú completo. Perfecta combinación.
Abro al azar. Éxodo 21:9. El 9 no lo entiendo, el 10 no está mal, el 11 algo machista, el 12… el 12 acaba diciendo -…ha de ser muerto sin falta.-, el 13…, el 14 -…has de llebarlo a mi altar a morir.-, el 15 -…ha de ser muerto sin falta.-, el 16…, el 17 -…ha de ser muerto sin falta.-…Por hoy, ya tengo hecho el cupo de muertos.
Apaga y vámonos. Cambio de libro.
Suela el teléfono, lo cojo -diga-, digo, y al otro lado del hilo -…dieciséis horas, tres minutos, cuarenta y siete segundos…piii…dieciséis hor..- me quedo de pasta de boniato pero no dejo que la tía monótona me achante; -que digas; que te escucho- y ella -…dieciséis hor..-; cuelgo y miro el aparato esperando que en cualquier momento explote; no explota y yo sigo con lo mío.
Bella del Señor, Albert Cohen; aprovecho el recordatorio para poner en el tocadiscos, en vinilo, claro, el de “Nuevos ángeles para una vieja ceremonia” del otro Cohen, Leonard. Vuelvo a abrir al azar: Capítulo 28, página 238, párrafo segundo. Tela. Describe al dedillo el sistema utilizado por los que mandan, en cualquier parte, cuando se reúnen para sacar adelante un país, una empresa, una acequia o una partida de mús; lo que sea.
Con tanta dudosa perspectiva de optimismo, cada vez tengo menos ganas de culturizarme. Ha parado de llover y cualquier escusa es buena para descansar de la práctica del deporte, por sedentario que este sea. Y es lo que hago; descanso sumergiéndome en otro tipo de cultura. Me entero de que: (uno) la hija de no sé qué cantante supuestamente famoso, ha decidido cambiar de marca de fabada en lata. Fotos en color a doble página de la susodicha chorreando fabada sobre su vestido de charol, sonrisa de oreja a oreja, dientes perfectamente alicatados hasta el techo y ojeras de diseño; la cara de haberse pasado la vida rompiendo platos; (dos) la princesa de Allí le tiene puesto el ojo al príncipe de Allá para todos sabemos Qué, todos sabemos Dónde, todos sabemos Cuando y todos sabemos Cómo; (tres) los cuatro que se separan este mes, se han citado con las cuatro que también se separan este mes, para concertar los precios de su próxima separación una vez cobrada la separación actual. Fotos de familia con los interfectos cogiéndose las manos y buscándose los cuernos con la mirada; (cuatro) salen dos que no tienen nada que decir, que esa es la noticia, y la foto es para que la gente no los olvide; (cinco)…(seis)…(siete)…
Y Leonard Cohen con el chunda chunda de que “esto es una guerra entre el hombre y la mujer…esto es una guerra entre…esto es una guerra entre…
Está claro que no hay forma de descansar cuando se practica el deporte de la lectura.
Vuelve a sonar el teléfono que, por cierto, ya me está tocando la gaita con tanto riiing riiing…; puedo dejar que suene hasta que se canse y deje de sonar, o puedo cogerlo, para que deje de sonar. Hago de tripas corazón. Esta vez no digo ni mú y espero a que quien sea se identifique; pero el muy borde debe estar esperando lo mismo y no se identifica…o sí -aquí el contestador automático de la sede Vaticana; al oir la señal comenzará el rezo del santo rosario mariano, con la actuación estelar de monseñor (no se qué, en suajiri); a los coros, las hermanas ursulinas que son muy buenas porque nos llevan de excursión; a los teclados fray escoba; a las maracas…-. Cuelgo consciente de mi cara de susto y verdaderamente asustado ante tanta amenaza. La curiosidad me entierra, pero si se trata de un bromista, creo que sé quién es.
Dejo a un lado la revista de “cultura general” y me lanzo directamente a la yugular de “La senda del perdedor”, de Bouwosky. Este hombre me consuela porque realmente lo pasa peor que yo; en lo que seguro no congeniamos, en cualquiera de sus libros, es en que el tío se pasa media novela borracho y la otra media, emborrachándose; por lo demás, se presenta como el más perdedor de los perdedores. Mi perfecto padrino.
Leo cuatro o cinco páginas salteadas y al acabar, completamente relajado, tiro el libro en dirección a la estantería y llamo con un silbido a mi mosca particular para que me dé un masaje en las cervicales. El último combate me lo ganó por mareo técnico.
Como la muy asquerosa de la mosca no aparece, me coloco delante del teléfono esperando que suene. Y suena. Esta vez no la descuelgo pero, por lo que veo, eso al aparato le da lo mismo porque empieza a hablar él solo como si estuviera vivo -hooolasss??? Con quién hablooo??? Me dices tu nombre, maruja guapa querida??? ¡¡¡hola, querida!!! Ya sabes que acabas de ganar un álbum para coleccionar cupones de ahorro (¿cupones de ahorro?) eso es, maruja guapa querida, cupones de ahorro; si contestas correctamente a una pregunta, entraras automáticamente en el sorteo de los cupones para que los puedas coleccionar pegándolos en el álbum. ¿Preparada? ¿Sí? Pues ahí va la pregunta: ¿Cuántas vez te he llamado “maruja” “guapa” y “querida” desde que estoy hablando contigoooo? OOOH, no, lo siento mucho, maruja estúpida idiota; adiós, otra vez será…-. Y vuelta a empezar por parte del ordenador del otro lado de la línea… -hooolasss??? Con quién hablooo??? Medices tu monbr…-. Increible. Puedo escuchar los concursos de la tele por el teléfono, sin tener que descolgarlo. Cuando se lo cuente a Marga no se lo va a creer.
Lo primero que hará, será decirme que la tele no funciona desde hace dos meses, porque con la tormenta se le quemó el no sé qué de no sé donde; que el teléfono está cortado por falta de pago, que con tanto café y tanto tabaco me estoy provocando una aluminosis cerebral, que me deje de tanta tontería porque ya soy mayorcito para andar por ahí queriendo llamar la atención, y que vaya ejemplo le voy a dar al crío con tanta gilipollez.
Después nos sentaremos los dos delante del teléfono a esperar que, con suerte, alguien llame y así podremos escuchar las noticias del telediario…
P.D. Están de obras en la fachada del bloque, adecentándola, y ahora tengo la casa MÁS llena de polvo. Voy a tener que cerrar las ventanas.